Cómo dejar de ser prisionero de tus creencias


¿Por qué muchas veces te ves incapaz de abordar las cosas que te propones y que suponen un cambio sustancial en tu forma de hacer? Te auto-convences de que no vas a lograr aquellos objetivos, muchas veces sin ni siquiera haberlo intentado. ¿Qué hay detrás de ese miedo que te impide salir de tu zona de confort? ¿Cómo desaprender esas creencias y cambiarlas por nuevas que te empujan hacia el éxito?

 

«Las cosas más maravillosas que ofrece la vida están al otro lado de tus miedos«

Will Smith

Tus objetivos vs tu situación actual

Cuando quieres iniciar un cambio de rumbo en tu vida, el ejercicio más inspirador es plantearte cómo sería tu vida ideal.

¿Tu “yo” de mañana cómo sería? ¿A qué te dedicarías? ¿Cuánto dinero ganarías?   ¿Dónde vivirías? ¿Con qué tipo de personas te juntarías, en tu vida personal y en la profesional?

Deja vía libre a tu imaginación, y déjate llevar hacia ese futuro en que todo será mejor para ti. Verte en tu nueva vida es el estímulo muy potente. ¿Cómo te sientes cuando te ves haciendo todas las cosas que te gustan?

Cuanto más exacta logres visualizar esa imagen de cómo te gustaría que fuera tu vida, más concretos pueden ser los objetivos que te fijes, y los pasos que definas para poner en marcha tu plan de acción.

Como primer paso, reflexiona sobre cuál es tu situación actual.

¿Cómo has llegado a la misma?

¿Hay una distancia considerable entre tu situación actual y tu vida ideal?

¿Qué cosas te funcionan bien, y, sobre todo;

qué cosas tienes que cambiar para alcanzar tus nuevas metas?

¿Cómo has llegado a tu situación actual?

Desde que nacemos, muchos de nosotros hemos crecido con la idea de que la vida consiste primero en estudiar. Ir al colegio, al instituto y luego la universidad.

Yo por ejemplo siempre he estado convencido de que tener un titulo universitario era lo máximo que podía conseguir en esa primera etapa de mi vida, y por tanto eso era lo que yo tenía que lograr. Estaba convencido de que ese título universitario me daría un cierto estatus en esta sociedad, y me aseguraría obtener un trabajo bien considerado y bien pagado.

Una vez terminado los estudios, lo que pensaba era que tenía que conseguir un trabajo en una empresa grande. Ese era el objetivo a largo plazo; trabajar en una empresa grande e ir ascendiendo poco a poco, ganando más dinero. Y mientras, me casaría y tendría hijos. Me compraría una casa, con la ayuda de un préstamo hipotecario. ¿Te suena familiar esta visión?

Una visión muy común

¿Verdad que esta es la visión, que tenemos muchos, de lo que debe ser el camino de la vida? Basta hablar con tu familia, con tus amigos y con tus compañeros; ¿cuánta gente sigue ese patrón? ¿Verdad que la mayoría?

Esta idea está tan arraigada en nosotros, que ni siquiera nos planteamos otras posibilidades.

Lo cual es curioso, al menos. Porque realmente cada uno de nosotros es muy diferente en cuanto a gustos. Si hablamos por ejemplo de música, a mí me puede gustar la música dance y el rock duro, mientras que a otra persona le puede gustar más la música clásica, el pop, el reggaetón o la música latina. A mí me puede gustar madrugar para hacer deportes al aire libre, mientras otras personas prefieren dormir hasta tarde. A mí puede gustar leer, mientras que a otras personas prefieren salir de fiesta.  Lo que me hace feliz a mí es diferente a lo que te hace feliz a ti.

Entonces, si somos todos diferentes en cuanto a gustos, ¿por qué todos tenemos una visión de lo que tiene que ser tu vida tan parecida?

Seguimos un patrón preestablecido

Estudiar, tener un trabajo para toda la vida, comprar una casa, tener una familia, jubilarnos para que empiece lo bueno de la vida.

¿De verdad lo que hacemos es lo que realmente queremos, o simplemente estamos siguiendo un patrón preestablecido? Preestablecido, y no por cada uno de nosotros precisamente…

¿Y ese camino que seguimos realmente es el adecuado para cada uno de nosotros, realmente nos hace sentir feliz a cada uno, y a todos por igual?

Cómo te sientes..

Si tú también eres de l@s que le han vendido que esta es la vida que hay que perseguir, sabrás que, en la práctica, tu día a día consiste a grandes rasgos en lo siguiente:

Te levantas temprano, te vistes corriendo y sales de casa pitando.

Te metes en un atasco o en un medio de transporte público abarrotado para desplazarte a tu trabajo.

Mientras, te pones la radio para ir despertando. Si vas en transporte te pones los auriculares mientras te sumerges en tu móvil para chequear los correos, ver las últimas fotos que ha subido la peña en el Instagram, y para mantener el contacto con tus amigos a través del Whatsapp.

Después te tiras unas 8 horas (o más) en el trabajo. Reuniones, llamadas a todas horas, la bandeja de entrada que no para de recibir correos nuevos, y tareas que no te acaban de «llenar» plenamente. Menudo estrés….Lo único que deseas es que llegue la hora para pirarte a casa.

Y cuando terminas tu jornada, de nuevo a meterte en la hora punta para llegar a casa.

Llegas a las mil, agotado, y puedes dar gracias si puedes pasar un ratito de calidad con tus seres queridos, ver un poco la televisión, y a dormir para al día siguiente repetir el proceso.

 

¿Y así, hasta cuándo?

Y así hasta el día que te jubilases. Porque cuando llegues a los 65, perdón, 67, años te podrás dedicar a viajar y a todos los hobbies y cosas que realmente te gustan.  

Menos mal que al menos te llevas un sueldo al final de mes. Sí, no es gran cosa, pero de momento sirve para ir pagando las facturas mensuales: la hipoteca, la letra del coche, el comedor de los niños, las compras, los consumos de agua, luz, gas…

Te sientes esclavo de tus facturas, de tu préstamo hipotecario. Sientes que vives para trabajar, y que el banco es tu amo.

Cada día te sientes más frustrado y desanimado.

Intentando salir de tu zona de confort

Por otro lado, sientes que estás en este mundo para algo más que lo que estás llevando a cabo en tu actual empleo.

Te gustaría sentirte más realizado en tu trabajo, pero no tienes ni idea de a qué dedicarte si no.

 Sientes que te falta tiempo para todo, que no encuentras un rato para las cosas que realmente te gustan hacer.

Te gustaría pasar más tiempo con tu familia y tus amigos, pero tus obligaciones no te dejan.

Miras al futuro. Algún día estarás mejor, piensas cada mañana mientras vas de camino al trabajo. Y cada vez te dices a ti mismo que vas a hacer algo para cambiar tu situación actual. Pero van pasando los días, los meses y los años, y al cabo de un tiempo te ves básicamente en la misma situación.

¿Qué es lo que te ata y te impide avanzar?

Tus creencias; ¿qué son y cómo influyen en tu vida?

Las causas que hacen que permanezcas en tu vida actual pueden ser externas o internas a ti.

EXTERNAS

Son las que no dependen de ti en primera instancia. Una crisis económica que provoque que no haya trabajo, una situación política que implica que algún proyecto en el que participes se quede parado, una causa natural que hace que pierdas alguna pertenencia, algún evento negativo…No podrás evitar que ocurran.

Lo mejor que puedes hacer es anticiparte y estar preparado para cuando ocurran.

Por ejemplo, ante la posibilidad de que algún día vuelva a haber una crisis económica y se reduzcan tus ingresos, contar con un colchoncito de dinero ahorrado en el banco.

La otra opción es tratar de reaccionar lo mejor que puedas, asimilar cuanto antes la nueva situación y de adaptarte lo más rápido posible a estas circunstancias, por ejemplo recortando gastos drásticamente.

INTERNAS

Estas son causas que están en tu propio interior y que te limitan a que crezcas hacia tu futuro.

Vamos a centrarnos sobre estas causas porque dependen de ti, y tú puedes actuar directamente sobre ellas y conseguir un cambio total en tu vida.

Tus acciones, tu comportamiento, tu manera de pensar… todos vienen condicionados por tus CREENCIAS.

Son tu manera de ver cómo funciona el mundo. Constituyen pensamientos sobre cosas que das por supuesto que son así y que, la mayoría de las veces, eres inconsciente de que tienes esos pensamientos.  Son tu guía en la vida y para las acciones y decisiones que tomas a diario.

¿Cuál es el origen de tus creencias?

Tus creencias vienen condicionadas en un 95% por tu subconsciente.

El subconsciente hace que escojas solo aquellas pruebas y experiencias que refuerzan esas creencias. Y te hace descartar todas aquellas pruebas que indican lo contrario sobre un tema en particular.

Esto es debido a que la función principal de tu subconsciente es la de mantenerte al salvo.

1. Tus padres

Tus padres fueron el elemento clave cuando formaste tus creencias.

Repito;

Tus padres fueron el elemento clave cuando formaste tus creencias.

Esto sucedió de manera natural, porque son las personas con las que más tiempo pasaste en los inicios de tu vida.

Son tu ancla, tu punto de referencia, y las personas a las que más quieres. Ellos te fueron enseñando su manera de pensar (que a su vez aprendieron de sus padres), y de manera inconsciente fuiste absorbiendo sus hábitos.

La mayor parte de nuestras creencias se forman a muy temprana edad, desde que nacemos hasta los 6 años más o menos.

Como tus padres tienen esa omnipresencia desde que naciste, te influyen muchísimo y (aquí viene lo importante) de muchas de estas cosas no eres ni consciente de que siguen marcando tus decisiones y tus actos hasta el día de hoy

Es clave entender que tu búsqueda de la aprobación de tus padres es uno de los factores más determinantes detrás tus creencias.

En mi caso

           Yo siempre he sido muy trabajador y muy perfeccionista, Desde niño, me afanaba en estudiar, y sacar buenas notas. Es más, cuando yo no sacaba al menos un 8 en un examen, no me sentía bien. Hasta que terminé los estudios universitarios, siempre aspiraba en sacar las mejores notas.

Siempre me he considerado una persona creativa también. Me gusta mucho escribir. De pequeño escribía cuentos cortos en una vieja máquina de escribir que tenían mis padres en casa. Luego los cuentos se convertían en historias más largas. Ahora escribo este blog al cual dedico tiempo a diario.

También me gusta dibujar. De adolescente me dedicaba a dibujar comics y a diseñar grafitis, y durante la carrera de Arquitectura las asignaturas de dibujo técnico y de proyectos eran con las que más me gustaban.

Luego tuve mi faceta de disc-jockey, y grababa cintas con las sesiones de mezclas que hacía. Y componía y producía temas musicales.

El denominador común

El denominador común era que siempre intentaba hacerlo perfecto, aunque ello suponía tardar (mucho) más tiempo en terminar.

Y en general, en mi tiempo libre siempre intentaba hacer muchas cosas, tanto de tareas “obligatorias” como de ocio. Siempre iba corriendo a todos los lados, siempre estaba liado con mil cosas y nunca me permitía a mi mismo tiempo para realmente descansar y no hacer nada.

            Después de hacer una profunda reflexión, me di cuenta de que ese afán de ser perfecto, y de siempre ser el mejor, y de siempre estar haciendo cosas, sin descansar venía originado por el afán de aprobación de mis padres.

Ellos con su mejor intención intentaban que yo tuviera el mejor futuro posible, y me obligaban a estudiar todo el tiempo. Y me inculcaban el pensamiento que tenía que ser mejor que los demás, de manera que o sacaba más de 8 en los exámenes no les parecía suficiente. Que si no me sacaba un título universitario, no me iba a conseguir un trabajo digno, y no iba a comerme un rosco en este mundo.

Ellos siempre han sido muy trabajadores, y de pequeño me acuerdo que siempre los veía trabajar. Mi madre siempre estaba haciendo tareas de casa. Mi padre trabajaba todo el día, y cuando llegaba también se ponía a hacer tareas de casa. No descansaban nunca.

Insisto, a mis padres los quiero muchísimo, y les estoy eternamente agradecido por todo lo que siempre me han dado. Siempre han hecho lo que en sus ojos era lo mejor para mí.

 

¿Cómo influyen nuestros padres sobre nosotros?

En mi caso, esa motivación que me daban para sacar lo mejor de mí, la hice mía en el subconsciente. Que yo siempre estuviera haciendo cosas (muchas, y además de manera simultánea) sin duda lo aprendí de ellos también. Siempre los veía corriendo de un lado para otro, y súper-atareados siempre. Ello hacía que inconscientemente siempre me ponía el listón muy alto a mí mismo.

Fue cuando falleció mi madre cuando me di cuenta de que muchas de las cosas en mi vida las había hecho en gran parte para satisfacer la voluntad de mis padres, y para que ellos se sintieran orgullosos de mí. Seguro que ellos me querrían igual si no hubiese sacado mis 2 títulos universitarios, y tantos notables y sobresalientes durante todos mis estudios. Pero en mi subconsciente, su aprobación era mi principal motivación.

¿Y tú qué?

Te he contado como mis padres influyeron mis creencias. A todos nos pasa igual. La manera de hacer y de pensar de nuestros padres nos condiciona nuestra manera de ver cómo funciona el mundo.

Piensa para ti mismo; ¿hasta qué punto eres consciente de lo que influyen tus padres en tu manera de hacer y de pensar?

Piensa por ejemplo cuáles son tus creencias sobre temas como el amor, el matrimonio, la familia, el trabajo, la política, etc…, y en general, cuál es la manera en la que haces las cosas y ves la vida.

¿Ves las similitudes entre tus creencias y cómo son tus padres, cómo piensan y cómo hacen las cosas?

Y no solo los padres tienen esta influencia sobre tus creencias. Busca en tu pasado; ¿qué otras personas han podido constituir una figura materna/paterna en algún momento de tu vida? Puede haber sido algún profesor o profesora, o tal vez algún jefe o jefa que hayas tenido.  

2. La Sociedad

Vivimos en sociedad y por tanto rodeados de otras personas. Desde pequeños, vemos que todo el mundo hace las cosas de una manera muy parecida.

Siendo bebé viste a tus padres irse a trabajar todos los días, o igual tuviste suerte y pudiste tener a uno de ellos haciéndose cargo de ti todo el día.

Cuando llegaste a los 6 años empezaste a ir al colegio, donde te juntabas con un montón de otros niños y donde aprendiste escuchar lo que te enseñaba el o la profe y a hacer y pensar lo mismo que el resto de niños. 

Durante el instituto seguiste aprendiendo las lecciones de libros que otros habían decidido por ti, y en la universidad realmente fue la misma historia. Cuando empezaste a trabajar, de alguna manera empezaste a independizarte de tus padres, y a ser plenamente responsable de tu vida.

La opinión de los demás

A diario te relacionas con muchas personas, ya sean familia, amigos, compañeros de trabajo, clientes, o gente más desconocida.  Te gusta caerles bien y que te tengan buena consideración.

A todos nos gusta caer bien a la gente. A que nos vean bien, y nos admiren.

Porque el hombre es un ser social. Todas las personas buscamos la aceptación de los demás. Porque desde hace millones de años cuando vivíamos aún en las cuevas, la aceptación de los demás nos permite pertenecer al grupo. En la naturaleza, pertenecer al grupo nos aporta seguridad y protección. Y en última instancia nos permite la supervivencia, y eso es lo que hay detrás de todas nuestras acciones en la vida.

Piensa en tu vida, y en las cosas que haces: ¿hasta qué punto piensas que tu forma de ser y de pensar es genuinamente tuya, o te la has hecho propia tras ver lo que hace la gente a tu alrededor?

Te pongo algunos ejemplos:

  • Tu manera de vestirte (y la moda en general): ¿Realmente te preocuparía llevar ropa de marca, e ir a la moda si estuvieras en una isla desierta, sin nadie que pudiera verte? Por tanto, ¿realmente lo que te importa es verte bien tú, o que te vean bien los demás?
  • Si eres hincha de algún equipo (de fútbol, baloncesto, etc): ¿Hasta qué punto eres fanático, porque te gusta sentirte miembro de ese grupo que formáis esos hinchas?
  • Cuando te compras un coche, ¿hasta qué punto te preocupa que sea un coche bonito ¿Al fin y al cabo, del coche tú realmente solo vives el interior? Qué aspecto es más importante para ti; ¿que tu coche sea fiable y gaste poco, o que tus amigos te digan que tu coche es una pasada?
  • Que nos casemos y tengamos hijos obviamente lo hacemos por amor, pero ¿verdad que también hay una componente social donde el matrimonio con hijos se considera el objetivo al que hay que llegar, para ser bien considerado por la sociedad?

¿Hasta qué punto te das cuenta de que todo lo que haces está condicionado por la opinión de los demás?

3. Tus Experiencias

Otro aspecto muy importante son las experiencias que vas viviendo. Imagina tu mente como un gran disco duro, como el que tienes en tu ordenador.

Al nacer ese disco duro está completamente vacío, pero enseguida tu mente empieza a registrar todas tus experiencias.

Las asociaciones…

Cuando tus padres te besaron por primera vez y te sentiste querido, el disco duro de tu mente registro esa acción (el beso) asociándolo con el sentimiento (de amor, bienestar) que tuviste. Y con el siguiente beso o caricia que te dieron volviste a sentir lo mismo. Con lo cual tu mente volvió a hacer esa asociación. A la tercera vez que tus padres te fueron a besar, tu subconsciente ya reconocía el gesto cuando se acercaban, e incluso antes de que ocurriera, y tú ya sentías que ese beso que estaba a punto de darte tu madre (o padre) te iba a producir una sensación agradable.

Al igual que el subconsciente va registrando asociaciones entre un determinado estímulo “positivo” y un resultado concreto (sentimiento positivo), lo hace también con los estímulos negativos que vamos viviendo.

…buenas y malas

La primera vez que estabas en la cuna, te despertaste y te viste solo en esa habitación, te preguntaste donde estaban tus padres. Igual te pusiste a llorar para llamarles, e igual tardaron un poco más de lo que te hubiera gustado en ese momento. Por un momento te pudiste sentir solo y abandonado, y te entró una sensación de miedo. Tu subconsciente registró el estímulo de la ausencia temporal, con la sensación (negativa) de abandono y miedo.

Igual un día presenciaste una discusión entre tus padres. Con los ánimos caldeados igual se hablaron en un tono alto (o desafortunadamente se gritaron) y pudiste percibir la tensión en el ambiente. Y tu subconsciente registró la asociación entre el estímulo de “hablar en tono elevado” con un sentimiento negativo de miedo y tristeza.

Tu disco duro interno

Durante los primeros años de vida, tu disco duro se va llenando de experiencias. Muchas buenas, y muchas malas. Cuando se vuelve a dar una situación parecida (alguien te va a dar un beso), tu subconsciente interpreta ese estímulo y busca el precedente similar en tu disco duro interior, suponiendo que el resultado va a ser igual que en anteriores ocasiones.

Como el estímulo (el beso) lo tiene registrado con una asociación positiva, sentirás una emoción positiva, y te mostrarás dispuesto a vivir esa experiencia.

Si por el contrario tu experiencia / creencia es mala, tu subconsciente hará para que sientas miedo y que evites vivir de nuevo una situación parecida.

Yo por ejemplo tengo miedo a las abejas. Porque las abejas a mi me recuerdan a las avispas. De pequeño me picó una avispa, y las cogí miedo. Por lo que tengo la creencia de que las abejas son malas. Sin embargo, a otras personas les encantan las abejas porque las asocian con la función de polinización que llevan a cabo, y mediante la que se fertilizan y forman los frutos y las semillas. Porque su experiencia lo asocia a algo positivo, y su creencia es positiva.

Las creencias

Las creencias por tanto son totalmente subjetivas, y deberíamos cuestionárnoslas siempre porque seguir una creencia puede hacer que no saquemos todo lo bueno que ofrece la vida.

Muchas creencias son buenas, en el sentido de que evitan que suframos algún daño físico. Las aprendemos desde pequeños:

  • No cruces la calle corriendo y sin mirar.
  • Cuidado, evita tocar el fuego, que te quemarás.
  • Aléjate de un perro que ladra, porque te morderá

 

Las creencias malas

Otras, sin embargo, nos limitan porque causan lo que podemos llamar Derrotismo Aprendido. Hacen que de antemano descartemos una opción porque nos auto-convencemos de que no vamos a conseguir un resultado satisfactorio. Te pongo unos ejemplos:

DEDICACION

  • No soy capaz.
  • No he tenido resultado nunca, porque si quiera intentarlo, porque no voy a lograr nada.
  • Voy a fracasar.

SALUD

  • No voy a lograr perder peso.
  • No puedo vivir sin chocolate / dulces / queso / café /…

AMOR

  • Nadie me va a querer.
  • Nunca podría salir con esa persona.
  • A la gente no les interesan mis ideas

DINERO

  • No soy bueno con el dinero.
  • No voy a ganar mucho dinero.
  • La única manera de tener mucho dinero es heredándolo o ganando la lotería.

Si nos centramos por ejemplo en el dinero, claro que vemos que hay otra gente “que tiene éxito”. Son famosos, tienen negocios, y gana mucho dinero. Pensamos que habrán tenido suerte porque o han nacido de familia rica, o han tenido la ayuda de gente que les ha podido colocar en esa posición privilegiada.

Tendemos a pensar que lo que han logrado no está al tu alcance. Porque tus creencias nos lo dicen, no porque realmente tenga que ser así.


Una creencia es una idea, respaldada por unas pruebas.


Una creencia es una historia que te cuenta tu subconsciente sobre cómo funciona el mundo. No necesariamente es cierta.

Tu visión de la realidad es totalmente sesgada.

Tu mente tiende a seleccionar aquellas pruebas/experiencias que refuerzan la idea que ya tienes formada. Y descarta las pruebas que demuestren lo contrario.

Las asociaciones negativas se convierten en las creencias que te limitan. Son las cadenas que te autoimpones a ti mismo, porque se traducen en los miedos que sientes ante una situación nueva/diferente. Y hacen que te quedes dentro de tu zona de confort.

Es hora de empezar a desaprender tus antiguas creencias, y de cambiarlas por nuevas que te dirigen hacia tus objetivos. Ahora toca romper esas cadenas y de convertirlas en el cohete que te lanza hacia el éxito absoluto.

 

¿Cómo cambiar tus Creencias?

1. Ser consciente

Para poder empezar a cambiar tus creencias, lo primero que tienes que hacer es ser consciente de que todas tus creencias pueden estar limitándote.

Analiza por qué haces las cosas;

¿qué hay detrás de todas tus decisiones?

¿Hasta qué punto es la aceptación de tus padres, la aceptación de los demás, o tus experiencias previas?

¿Estás absolutamente seguro que esas creencias son ciertas y te benefician?

¿Realmente te están ayudando, o te están alejando de tus nuevos objetivos?

Insisto, más que valorar si son buenas o malas, se trata de darte cuenta de que son tus creencias las que te hacen sentir ese MIEDO que te paraliza, y que te empuja a quedarte en tu zona de confort, sin pasar a la acción.

Ser consciente de ello te va a permitir solucionarlo.

2. Cambia tus Referencias

Busca nuevas referencias. Por ejemplo, a la hora de pensar en el dinero, en vez de fijarte en otras personas que viven de mes a mes igual que tú, empieza a fijarte en gente que está más avanzada en el camino.

Gente que se gana la vida haciendo lo que le gusta, que están consiguiendo lo que a ti te gustaría conseguir …

Busca a una persona que ha conseguido cambiar sus creencias con éxito y copia cómo lo ha conseguido para tu propio propósito.

3. Cambia tu Interpretación

Cada vez que experimentas una cantidad significativa de “dolor” o de “placer”, tu mente busca la causa y lo graba en tu disco duro interno.

Ante cualquier situación nueva que ocurre en tu vida, tu subconsciente la va a interpretar, buscando la experiencia más similar que ya tienes y la emoción que asociaste.

Nada cambiará hasta que no cambiemos las sensaciones de nuestro sistema nervioso que enlazamos con nuestras experiencias.

Primero sé consciente que, si tu experiencia en el pasado fue negativa, no necesariamente tiene que volver a ser negativa en el futuro.

Cambia las asociaciones negativas por asociaciones positivas. Sobreescribe tu disco duro, para que las dificultades no las veas como imposibilidades, sino que como posibilidades y oportunidades.

4. Cambia tus Reglas

Las reglas que te has auto-impuesto no te están ayudando a alcanzar una vida plena. Sustituye todas las creencias que tienes y que te limitan, por nuevas creencias que te llenen de energía positiva.

5. Cambia tu Vocabulario

Empieza a cambiar tu vocabulario.

“No puedo”. “Soy incapaz”. «Eso es imposible». Evita usar todas estas palabras “negativas”.

Empieza a usar palabras positivas.

“Yo puedo”. “Lo voy a conseguir”. “Soy capaz».

Notarás que usar vocabulario positivo predispone tu mente a trabajar para buscar soluciones. La mente influye a su vez en cómo se siente tu cuerpo. Si piensas en positivo, tus emociones serán positivas, y poco a poco te sentirás más fuerte y confiado.

5. Cambia tu Cuerpo

Al igual que las palabras positivas ayudan al subconsciente a hacer que te sientas mejor, también tu lenguaje y postura corporal te influyen en cómo te sientes.

Compara cómo te sientes cuando vas por la calle con la cabeza agachada, y en diferencia cómo te sientes cuando vas por la calle con la espalda erguida, la cabeza alta y el mentón hacia arriba.

Trabajar en mejorar tu postura corporal y fortalecer tu cuerpo te da más poder para afrontar tus nuevos retos.

6. Hazte las preguntas adecuadas

Ante una situación de dificultad o adversidad, en vez de decir “No puedo”, pregúntate “¿Cómo puedo conseguirlo

La primera frase es una afirmación limitante basada en una creencia negativa. Al decir que no puedes, estás cerrando todas las posibles opciones, y tu subconsciente se resigna a no ver más allá.

Al convertir esa frase limitante en una pregunta abierta y habilitadora, tú estás forzando a tu subconsciente a que trabaje al máximo a buscar alternativas y soluciones. Eso es empoderar a tu subconsciente para que saque tu máximo potencial.

Ahora hazte una lista de tus creencias.

Coge la más grande de tus creencias limitantes y empieza a sustituir la asociación negativa por una positiva.

¿De dónde sacas esa asociación positiva? 

Pregúntate:

  • ¿Por qué esta creencia es ridícula o absurda?
  • ¿La persona de la que aprendí esta creencia, realmente la puedo considerar como un modelo/experto en este campo?
  • Si no suelto esta creencia; en el peor de los casos, ¿qué precio pagaría emocionalmente?
  • Si no suelto esta creencia; en el peor de los casos, ¿qué precio pagaría físicamente?
  • Si no suelto esta creencia; en el peor de los casos, ¿qué precio pagaría mi familia y mis seres queridos?

Escribe tu nueva creencia para esta creencia limitante que acabas de eliminar.

7. Cambia tus Hábitos

Según sean tus creencias, en tu vida tomarás las decisiones y harás las cosas de una determinada manera. A base de repetirlo día tras día, estas acciones se convierten en patrones de comportamiento, y en definitiva en tus HÁBITOS.

Para empezar a cambiar tu vida, y poder encaminarte a tus nuevos objetivos has de cambiar tus hábitos (malos). Porque para poder salir de tu situación actual has de dejar de hacer todo aquello que te ha conducido a esta situación en primer lugar.

8. Refuerza tus nuevos Hábitos

Cuando haya empezado a implementar tus nuevos hábitos, busca también premiarte de alguna manera. Asegúrate de que la retribución no vaya en contra del objetivo que estás intentando alcanzar con tu nuevo hábito. Tener un premio ayuda a reforzar esa asociación positiva entre la acción y la emoción. Y esto hará que conseguirás persistir en tus hábitos nuevos que estás adquiriendo.

En resumen, cuanto más POSITIVAS sean tus CREENCIAS, más grande será el POTENCIAL de lo que puedes conseguir en la vida, más constructivas serán tus HÁBITOS y tus ACCIONES, y MEJORES serán los RESULTADOS que obtendrás en tu vida.

¡Ponte en marcha YA!

Es lo más importante de todo. Prepararse y obtener conocimiento está bien. Pero hay que ponerlo en práctica.

Piensa que nunca te sentirás preparado del todo.

No lo dejes para mañana.

¡Ponte manos a la obra, pasa a la acción y ve corrigiendo sobre la marcha!

¡Tu nueva vida te espera!

 


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